cibertextos

miércoles, enero 04, 2006

 

La accesibilidad incluye:

La facilitación del acceso a las instalaciones donde están ubicados los equipos para acceder a los servicios públicos en línea, especialmente para quienes sufren alguna dificultad, sea por discapacidad, bajo ingreso, desconocimiento de las formas de uso de los equipos u otros factores.

La estandarización de las normativas para el diseño de formularios en-línea, para facilitar la navegación, la digitalización de archivos y el marketing institucional del gobierno electrónico.

Este último aspecto contempla estándares presentados por la iniciativa WAI (Web Accessibility Initiative) en cinco áreas:

  • Tecnología
  • Lineamientos guías
  • Herramientas
  • Educación
  • Investigación y desarrollo
Este conjunto establece ciertos estándares básicos acordados por el Consorcio W3C, como por ejemplo, acerca del uso de HTML, CSS, y de los formatos de navegación. Común a estas modalidades de la accesibilidad es su carácter técnico, propio de los procedimientos de los sistemas.

Actualmente, la estandarización tiene una relación directa con la accesibilidad a los servicios, con el formato y con aspectos asociados al resultado de los servicios en-línea: contribuye a su mayor difusión.

Tras el rápido incremento del número de usuarios de los últimos años y la tasa menor de incremento observada del período de consolidación, el aumento buscado del número de usuarios de los servicios en línea requiere de una reconsideración del tema de la accesibilidad.

En países en los que las políticas públicas en-línea han logrado alcanzar un alto grado de madurez, ello ha llevado a considerar una revisión de la línea de producción de los servicios públicos. Con el fin de dinamizar el servicio en línea, se propone reconfigurar la labor de los departamentos públicos cuyos servicios son digitalizados; revisar el nivel de automatización de las interacciones de los usuarios con el servicio (nivel de intervención humana en el procedimiento por parte del departamento público), así como una administración común de los datos (integración, base de datos común o interacción de la información de los usuarios, destinada a simplificar procedimientos al usuario).

Recientes estudios consideran como factor clave de la accesibilidad:

  • la estandarización de aspectos pertenecientes a la fase final de la línea de producción del servicio en-línea, es decir de aquellos aspectos directamente ligados a la interacción del usuario con el servicio.

Un conjunto de factores ha sido elaborado en este sentido.

Así, a la clasificación del conjunto de servicios designados para su desarrollo en un canal en–línea, se agrega una tipificación del conjunto de aspectos de la cadena de servicio, con el fin de incrementar la calidad de la accesibilidad. Se trata, en gran parte, del interface directo al usuario y desde allí sentar las condiciones para un incremento del número de usuarios.

Un incremento del número de usuarios llevaría a un reforzamiento de la proporción del canal en-línea de los servicios respecto de otras formas de suministro (fax, personal, teléfono, correo-electrónico).

Un mayor uso del canal en línea llevaría a un ahorro en los costos de algunos servicios públicos y la reasignación de fondos; lo que es considerado adecuado para un período en que el gasto público enfrenta restricciones en muchos países.

En cuanto a los factores sociales asociados a la accesibilidad, se trata de crear las condiciones de acceso a los servicios públicos a las personas con discapacidad (siguiendo el modelo temprano de Francia – Minitel), por medio de disponer de equipos y software especiales.

Otro aspecto social central de la accesibilidad tiene que ver con las barreras detectadas en los contenidos de los sitios, - por ejemplo en el lenguaje utilizado – o en la sintaxis, que excluye a las personas con dificultades o con menores niveles de educación.

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El uso social y la rentabilidad de las inversiones en gobierno electrónico.

La experiencia internacional está mostrando que a partir de cierto umbral de uso, se incrementa la rentabilidad de las inversiones realizadas en la infraestructura de gobierno electrónico.

Cualquiera sea el tipo de interacción de los usuarios con los servicios públicos en línea - desde la búsqueda de información a las transacciones en tiempo real, inclusive aquellas que requieren de pagos – los servicios requieren estar diseñados en función de facilitar el acceso a los usuarios. Se asegura así el mayor número de beneficiarios del gobierno electrónico. Los estudios internacionales comprueban el punto central – que a partir un nivel de uso óptimo del canal en línea de los servicios públicos - los servicios en línea permiten ahorro de recursos, tiempo y dinero, no solo a los usuarios sino también al Estado.

La Accesibilidad se vuelve a plantear como factor clave en la fase actual de desarrollo de las experiencias de gobierno electrónico.

Dimensiones de este desarrollo son:

  • la expansión de los canales en-línea a un mayor número de servicios públicos a ciudadanos y a empresas

  • la profundización de dichos servicios – el paso de un nivel caracterizado sólo por la presentación de información a niveles sofisticados de interacción tales como las transacciones en tiempo real.

Actualmente, en los países de gobierno electrónico avanzado, se observa el desarrollo de dos aspectos:

Por un lado, los servicios en línea en uso han alcanzado un umbral de número de usuarios, consolidando su expansión y alcanzando con ello un nivel de maduración en términos de expansión y de profundización.

Por otro lado, el gobierno electrónico expande el servicio en línea a los principales servicios públicos, sobre todo a aquellos que cuentan con mayor número de usuarios.

En cuanto a los tipos de servicios públicos en línea proyectados, los gobiernos electrónicos apuestan actualmente a un desarrollo mayor de los servicios transaccionales, por la fuerte disminución en costos por unidad de transacción que estos significan, en comparación con los costos de uso de otros canales, tales teléfono, fax, correo electrónico o de atención personal.

Los estudios observan un cambio en la perspectiva desde la cual han sido diseñados tradicionalmente los sitios Web públicos. Un factor común a esta nueva perspectiva son las iniciativas para superar el umbral alcanzado y por asegurar la expansión de los servicios en–línea a los demás servicios públicos.

  • En las primeras fases de desarrollo estos sitios Web fueron diseñados en función de la lógica de funcionamiento de las instituciones públicas.

  • En la fase actual las propuestas están orientadas a lograr un diseño que tiene como condición considerar el usuario en tanto cliente, es decir alcanzar un grado de personalización de los servicios en línea adecuado a las necesidades de los usuarios: el tema de la accesibilidad es clave.

En este sentido, accesibilidad viene a indicar la adecuación o transformación de los servicios en línea al perfil de los usuarios objetivos.

En los países avanzados, el límite de la personalización para el incremento de la utilización del canal en–línea de los servicios públicos está dado por la legislación de protección de la privacidad y de la información personal.

En este nuevo esquema, el usuario del servicio público en-línea no necesariamente debe estar informado, para los efectos de la búsqueda del servicio en-línea, acerca de cual es la agencia a cargo del servicio en-línea y de cual es su dirección electrónica en la Web; el esquema propone que el usuario solo tenga en mente el servicio que busca y que el sitio o portal público le permita encontrar fácilmente dicho servicio. Ello ha llevado al re-estudio de la relación entre las agencias productoras de los servicios, la cadena productiva de los servicios y el servicio en su interacción con el usuario.

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La optimización del servicio en-línea.

La optimización del servicio en-línea lleva a una reconfiguración de los procedimientos que conforman la cadena de producción del servicio, así como a una reconfiguración de las agencias que los realizan.

En el esquema propuesto por las consultoras internacionales, el sector público pasa a considerar al usuario (ciudadano, empresa, ONG) como un cliente, factor que es considerado clave para el desarrollo de los servicios públicos en-línea. En nuestra versión – así como también lo presentan estudios recientes, se trata más bien de concebirlo como “centrado en el ciudadano”.

Los estudios proponen hacer de la personalización el mayor potencial de los servicios públicos en-línea y desarrollar con ese fin un diseño orientado a los segmentos de usuarios, en función de sus necesidades, requerimientos, habilidades y dificultades- específicas.

Esta transición lleva a una integración transversal de la información de los usuarios (datos personales) en los sistemas de servicios en-línea. Ésta tiene por fin facilitar las interacciones usuarios- sistemas, al simplificar para ello formularios y transacciones.

La introducción de la tarjeta electrónica para la interacción con los servicios públicos en-línea viene a proteger y simplificar el procedimiento.

En los países con procesos avanzados de digitalización de servicios públicos, donde cuentan con plataformas de transacciones (impuestos, registros, pago de beneficios sociales entre otros) el nivel de maduración avanza actualmente a la fase denominada de transformación. En esta fase es reconfigurada la cadena de producción de servicios. Se generan también nuevos servicios concebidos en función de la naturaleza digital de los nuevos sistemas (en el marco de la denominada reforma de la trastienda o backoffice reform).

La accesibilidad retoma importancia pues es uno de los factores que puede asegurar un mayor incremento del uso de los servicios en línea en una fase en la cual los estudios internacionales observan – para los países desarrollados - un debilitamiento del crecimiento del número de usuarios del canal en línea de los servicios públicos.

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El rol del “factor humano” en la provisión de servicios públicos

De fundamental importancia para la segunda mitad de esta década, es el rol del “factor humano” en la provisión de servicios por parte de las administraciones públicas en la actual era de la sociedad de la información.

El mejoramiento de la accesibilidad significa además una adaptación o rediseño de los servicios públicos no solo para incrementar los beneficios de su digitalización y puesta en red sino también para enfrentar la cultura de la denegación de servicios en sus diversas formas. La “tramitología” comprende desde la no-disposición (de funcionarios y funcionarias) a resolver problemas hasta la tramitación excesiva; conforman un conjunto subregional de comportamientos frecuentes que desvalorizan los avances tecnológicos alcanzados, y que hoy por la existencia de infraestructuras de conectividad equivale a un des-servicio.

Pues los avances en las diversas infraestructuras de telecomunicaciones y TICs, así como la puesta en-línea de los más diversos servicios públicos y privados es solo una parte de la modernización de la función pública. Queda pendiente para la segunda parte de esta década, en Chile como en la mayoría de los países con sociedades de información emergentes, “transformar” esos avances en una provisión efectiva de servicios públicos, es decir en una facilitación real de acceso a beneficios de la sociedad de la información y no sólo de la puesta en función de una oferta potencial.

Para ello sin embargo se requiere ganar y “cultivar” la disponibilidad funcionaria para esta causa, para hacer un uso efectivo de la red con el fin de que ésta sea un factor dinamizador de la provisión de servicios.

La situación general actual es deficitaria.

Ciertos servicios hacen un uso activo de la red, otros mantienen el estatus quo anterior , dificultad que se ubica principalmente en los servicios ubicados al final del procedimiento, es decir en aquellos de atención al usuario.
El factor crítico actual es el de incrementar la disponibilidad de los recursos humanos a hacer uso eficiente de la red para generar un mejoramiento de la calidad de la vida de los ciudadanos que de una u otra forma dependen de servicios públicos que son por lo demás la mayoría del país.

Dos experiencias personales recientes aumentaron la realidad empíricas de esta afirmación.

Un trámite realizado recientemente en BancoEstado (Chile) se convirtió de pronto en un caso de cómo opera el “factor humano” a cargo de un servicio que cuenta con infraestructuras de conectividad. Se trataba de un trámite relativo a tarjeta de cuenta electrónica. El ejemplo muestra cómo carencias sistémicas se hacen visibles en la falta de formación funcionaria. Luego de 2 y media horas de ser enviado por funcionarios del Banco de una oficina a otra, en distintas direcciones del barrio cívico y luego, en la sede central de un piso a otro, lo que se suponía un trámite preciso casi se transformó en una denegación de servicio, en un des-servicio. El procedimiento no fue realizado y fui derivado – casi informalmente - a otra oficina regional en la que afortunadamente, y no sin esfuerzo, un tiempo después el trámite fue efectuado. En total, se intentó – documentación al día en mano – en por lo menos 10 funcionarios distintos, desde abogados a cargo de revisar hasta ventanillas de servicios en los que el personal no reconocía la cualidad de poder público de un documento, siendo este sólo uno de los episodios bochornosos. El desconocimiento del tema por parte del personal actuó como resorte – fui pasado de una mano a otra.

La segunda experiencia es muy reciente, sucede en el ámbito del sector privado. Se trataba de resolver un imprevisto, un “cambio” de horario de trasbordo realizado por LAN.com en un pasaje con trasbordo en España, en Barajas. El pasaje había sido comprado en el extranjero vía Internet. Sorpresivamente, una vez ya realizada la compra, el horario de trasbordo fue cambiado – con argumentos técnicos. La llegada a Barajas se mantenía a las 7.00 AM, pero la partida del vuelo a tomar fue adelantada, tanto, que dejaba solo un par de minutos para trasbordar. Un ilógico. Una inducción a perder un vuelo. Innumerables llamadas telefónicas a Lan.com no obtuvieron resultados. La empresa culpabilizó a Iberia. Iberia aclaró que LAN había efectuado el cambio, etc.
Una gestión personal fue iniciada en las oficinas locales de LAN Chile. La primera solicitud simple para reponer el ilógico no dió resultado. No había disponibilidad de vuelos ni opciones y en caso de haberla se debía pagar US$ 200. Llegado a ese punto, presenté el caso íntegro, indicando la responsabilidad de la empresa en el ilógico. Hasta ahí, la funcionaria había gastado más energía en tratar de evadir una solución que en buscando resolver. El problema pasa entonces a manos de la persona a cargo, quien se compromete a resolver, y llamar al día siguiente. Luego de varios días me avisan que hay una solución. Sin embargo, al acudir a la agencia la persona que me atiende me dice que no puede hacer nada pues la persona a cargo no está. Mentalmente cierra la sesión y se apresta a seguir su rutina. Protesto. Pregunto adonde se puede ubicar a la persona a cargo. Respuesta: en la otra oficina de LAN. Le pregunto si la pueda llamar por teléfono. Manifestándome su desagrado, la llama y probablemente recibe instrucciones de proveer el servicio pues media hora después, incrédulo aún, salgo con una solución. La reticencia funcionaria a resolver el problema ha sido evidente, pero el espíritu corporativo impide al resto intervenir una situación en la que claramente que un cliente está en apuros.

Me sorprendió la repetida declaración del personal, de que por tratarse de un pasaje comprado por Internet (LAN. Com) la agencia LAN-Chile hacía un favor al resolver una dificultad, - por tratarse de un pasaje comprado vía Internet.

Si bien en los pasajes decía LAN Chile, se trataba de un vuelo Iberia. Pero eso solo fue evidente en el aeropuerto. La poca transparencia del procedimiento es notable.

Los dos casos significaron mucho tiempo, dedicación y stress.

Lo anterior es también un efecto perverso de la forma de operar de las líneas punto.com. El operador u operadora en-línea que realiza la gestión en estos casos es, por lo general, una persona calificada que trabaja desde un PC en- línea conectado con la empresa pero ubicado por lo general en su casa. Su ingreso por el trabajo de servicio tipo call-center viene a ser equivalente a un sueldo mínimo más un porcentaje bajísimo por pasaje vendido. Es lado invisible de la economía de los servicios en-línea.

Lo anterior es resultado de carencias de la cultura de servicios. Así por ejemplo, un segundo caso similar proviene de amigos en viaje a Chile, vía Lufthansa; al arrivo trataron de resolver un problema en las oficinas de la empresa en el aeropuerto de Santiago y enfrentaron el mismo conjunto de evasivas, próximas a la negación de servicios, hasta que ellos solicitaron o exigieron a la funcionaria llamar por teléfono a la central para comprobar la disponibilidad de vuelo. De otra forma habrían salido de allí sin solución.


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Una mejor accesibilidad a los servicios públicos en-línea es una de las tareas pendientes de las sociedades de la información.

La aplicación de estándares de accesibilidad ampliaría el potencial de cobertura social de la red al incluir la diversidad propia de la población. Para esto se requiere que los sitios se atengan a los estándares y lineamientos establecidos en la guía WIA (Web Internet Iniciative) del consorcio W3C (versión en Castellano sobre Accesibilidad)(versión en Inglés sobre accesibilidad). Lo que aseguraría que el sitio Web cumpla con el acceso universal para no denegar a nadie el acceso vía red a los servicios públicos. Los sitios Web del Estadi deben cumplir con criterios de legibilidad, de fácil uso así como con las opciones técnicas para facilitar el acceso a personas con dificultades de visión o auditivas, de dificultad de uso del maus o de teclado, por lo menos. Para lo cual las soluciones técnicas ya están potencialmente disponibles. Se trata por tanto de un tema de políticas (policies) de accesibilidad de los servicios públicos y privados. En este ámbito estamos aún en la etapa del modelo “Ford T” de la accesibilidad en la era digital.

El reciente estudio sobre accesibilidad a las redes en la Unión Europea, realizado y editado por el gobierno británico ha mostrado resultados sorprendentes: 70% de los 436 sitios Web evaluados del sistema público de la Unión no se atienen al estándar de la WCAG 1.0 (Web Content Accessibility Guidelines) , que formula los lineamientos de accesibilidad a contenidos Web del consorcio W3C.
Un 27% lo cumple con ciertas limitaciones y sólo un 3 % cumple cabalmente con el estándar de accesibilidad.

En España una Ley viene a asegurar que dichos estándares se cumplan, sobre todo en la red del Estado.

¿Qué significa esto? Por tratarse de accesibilidad de los servicios públicos en-línea, estos datos equivalen a un abierto desafío a las políticas de accesibilidad de la región.

Un número importante de personas se ven enfrentadas a sistemas que por no cumplir con los estándares de accesibilidad, los excluyen o les dificultan grandemente la obtención de los beneficios proporcionados por los servicios públicos. Lo paradojal de esto, es que estas personas son – por definición – quienes más requieren de la provisión de esos servicios.

otros posts sobre accesibilidad:

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La accesibilidad de la red es un tema de relevancia social y política.


Durante el primer lustro de la década un gran número de países de economías emergentes ha logrado avances importantes en el ámbito de las infraestructuras de comunicaciones y de la modernización del Estado. Sin embargo, tanto en Chile como en otros países de la región está pendiente asegurar el acceso universal real a los servicios públicos y a sus beneficios, lo que significaría un gran avance en el mejoramiento de la calidad de vida de muchos. Para asegurar el máximo impacto social a los avances logrados se requiere ampliar la provisión de servicios a toda la población. La condición para ello es que todos los canales de servicios públicos aseguren una máxima accesibilidad. En la actualidad esto es especialmente urgente para el caso de la provisión de servicios públicos vía Internet, el más importante de los canales, por ahora. La accesibilidad se transforma de esta manera en factor crítico de una mejor democracia en la que se reduzca la exclusión.

La accesibilidad de la red es un tema de relevancia social y política que ha mantenido gran vigencia desde que a fines de la década pasada importantes estudios publicados en Estados Unidos dieron una alerta al señalar que, por lo general, los sitios Web discriminaban a ciertos sectores de la ciudadanía . Resultaba una exclusión de personas, familias y sectores ciudadanos de menores ingresos y educación así como también de quienes sufrían algún tipo de impedimento o discapacidad.

El problema persiste y muchos sitios del sector privado y público se mantienen hoy aún ajenos a estándares básicos ya claramente establecidos. Muchos sitios operan con técnicas dirigidas a un usuario promedio que ha adquirido destrezas en el uso de PC y en el uso de la Web y que no sufre de ningún impedimento o discapacidad; los sitios presentan un lenguaje en clave de clase media así como diseños atractivos pero sin criterios de usabilidad . El resultado es que muchas personas enfrentan una Web excluyente que termina por dificultar el acceso universal a los contenidos y servicios propios de la sociedad de la información. Esto sucede sin que el sector de usuarios frecuentes se “de cuenta” y a veces sin mayor sistema de monitoreo de las administraciones respectivas.

Accesibilidad ha logrado así convertirse en el lema social que propone una red para todos sin exclusiones, más aún cuando se trata de una exclusión que afecta a quienes más necesitan de los servicios públicos.




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viernes, septiembre 30, 2005

 

La sociedad de la información: soluciones locales a demandas globales.

En estos últimos años, en regiones y países avanzados, la digitalización y puesta en red de servicios públicos así como la creación de sus nuevas modalidades, han sido posible por la expansión de una nueva infraestructura de conectividad en el universo de hogares, lo que ha generado una nueva dimensión social que ha impactado positivamente en el bienestar de la ciudadanía. Hace sólo una década, la accesibilidad a servicios, como por ejemplo, a servicios facilitadores de acceso al mercado laboral, estaba condicionada por las distancias territoriales, administrativas económicas y sociales. Por otro lado, la oferta de servicios del Estado se veía limitada por los crecientes costos del Estado de Bienestar tradicional. La expansión de distintas modalidades de conectividad, - desde la banda ancha común a la inalámbrica -, a un gran número de hogares e instalaciones comunales han formado en dichos países un círculo virtuoso: la economía, el Estado y el universo ciudadano conforman redes que facilitan la provisión y la utilización de estos servicios.

En América Latina vemos, sin embargo, que esta modalidad se concentra casi espontáneamente en el sector privado y en el Estado, así como en sus aplicaciones en el ámbito de la educación y áreas modernizadas de la salud. Pero que, en el universo de hogares, la expansión de la conectividad está básicamente dejada a las fuerzas de la demanda. Y las iniciativas ciudadanas o locales que promueven la implementación de redes de conectividad comunitarias, iniciativas existentes en todos los países, no tienen por objetivo reemplazar al mercado. El resultado observado es que la sociedad en red agrega una nueva fractura social a las ya existentes. Al producir, por ejemplo, la banda ancha una nueva marginalidad. (ver para el caso de Chile post titulado “Banda ancha ¿Una nueva marginalidad? ") Ésta podría, sin embargo, a condición de ser desplegada territorialmente, a regiones y a un número significativo de hogares, convertirse en instrumento eficaz de un rápido incremento del bienestar social, un bien altamente apreciado en un continente caracterizado por sus desigualdades sociales que contrastan con la modernidad y riqueza de los sectores productivos exportadores y financieros. En caso contrario se abriría un tipo de brecha inédita: aquella entre una economía y un Estado modernizados acorde a los estándares de la globalización, versus un universo de hogares pobremente integrado a la sociedad de redes, en el que la nueva generación actual solo podría interactuar en forma limitada con los sistemas en red.

En el caso de Chile la situación no es muy diferente, sólo que la reactivación y retoma de una alta tasa de crecimiento, luego de varios años de bajo crecimiento, pone en entredicho la política tradicional de acceso universal diseñada básicamente en una situación en que predominaba la conexión conmutada, cuando se pensaba que uno de los problemas era lo estrecho de la conexión tradicional. Se pensaba cosechar ahora el fruto de los esfuerzos realizados antes de la llegada de la banda ancha,. Pero la implantación de la banda ancha como tipo de conexión estándar – estándar sobre el cual no parece aún haber consenso local acerca de la definición del ancho de la banda ancha – ha producido sin embargo una nueva situación de un día para otro, lo que ha dejado ver una cierta dificultad de los reflejos institucionales para dar cuenta de esta innovación. Parece ser que el ritmo de la globalización hace que aquello que sólo un par de años atrás parecía un logro hoy ya se ve sobrepasado. Aparece un vacío allí donde antes no lo había, una brecha digital de nuevo tipo.

El país ha logrado altas calificaciones en importantes rankings asociados a la globalización: en Davos le ha sido otorgado un primer lugar en macroeconomía; The Economist le ha otorgado una muy buena calificación en la economía de los grandes negocios y la modernización del sector público también ha obtenido un lugar privilegiado en las calificaciones de gobierno electrónico de la Brawn University. Avances como los realizados en salud y en la educación primaria han sido reconocidos en estas calificaciones globales.

Pero hay áreas en las cuales estos mismos sistemas de calificación señalan problemas: la preparación tecnológica y la educación superior, así como la calidad o cobertura del sistema de capacitación, todos ámbitos de políticas públicas que han contado con financiamiento local e internacional, cuyos resultados, sin embargo, no se muestran acordes a los requerimientos de la globalización. En eso, la globalización es más democrática de lo que se supone, pues en cierta forma comparte la percepción ciudadana de que a medida que se sale de la esfera de la empresa y de la propia administración pública central ministerial, la actividad del Estado se torna difusa y de menor impacto en su contribución al bienestar.

Vemos entonces configurarse una avanzada modernización tecnológica concentrada en la economía del país, en el propio Estado y ciertamente en importantes sectores de la población del país que están incorporadas a este ciclo de bienestar, pero que, desafortunadamente, son minoritarios. La mayoría de los hogares no participa de la conectividad de redes y al paso que va la globalización, ya no está claro que las metas que se dan los Gobiernos o que se adoptan en las conferencias internacionales, no queden como tímidas políticas paliativas, que no reemplazan las verdaderas políticas de fomento de esta nueva infraestructura.

Es por contraste con la bonanza actual, de la cual sin duda la mayoría de la población se felicita, que aparece con mayor claridad la necesidad de fomentar una rápida modernización de la infraestructura social del país para prevenir una eternización de una sociedad de desigualdades en la cual un amplio sector de país no dispondría por tanto de instrumentos facilitadores de acceso a servicios de bienestar que en principio constituyen derechos.

A primera vista, algunas desigualdades y brechas evitables del tipo enunciado se originan porque se ve un mercado allí donde en realidad no lo hay o lo hay, pero en forma muy disminuida.

Se presume la existencia de un mercado generalizado de la banda ancha en el universo de hogares, allí donde sólo una fracción reducida de los más de cuatro millones de hogares que forman el universo de hogares del país tiene capacidad de costear el gasto que significa la banda ancha: es la conocida noción de “affordability”.

Equipado de esa presunción, se prevé entonces que el avance de la oferta hacia esos segmentos potenciales de mercado sea un asunto de fomento de la oferta, en la óptica de la suply side enhancement.

Por el lado del sector privado, ver un mercado allí donde no lo hay, significa un muy legitimo acto de buen negocio, de superar un punto ciego, un segmento del mercado que no se dejaba ver, y que de pronto, producto de análisis de mercado y marketing, aparece.

Creo que el retrazo con que el país enfrenta este reciente avance de la conectividad global, particularmente de la banda ancha, tal como se da en los países desarrollados que conforman nuestro marco de referencia, tiene – en parte, ciertamente – una de sus causas en la creencia de que la expansión de la conectividad Internet banda ancha en la base familiar de la sociedad se produciría – de forma sustantiva – a partir de una expansión del mercado.

Ello es así, pero sólo muy parcialmente. Pero lo que de verdad parece poco probable, en el más probabilístico de los sentidos, es que la expansión de la banda ancha se produzca de esa forma.

El dilema estriba en proyectar aproximadamente qué fracción de los más de cuatro millones de familias que conforman la sociedad chilena, - consideradas democráticamente, es decir como fracción de cada uno de los conjuntos que forman su distribución por decil de ingresos – es decir de rico a pobre, dispondrán de la posibilidad de acceso privado y/o público a conexión banda ancha, en el corto y mediano plazo. O, si mantendremos una situación en la que la gran y mediana empresa así como una fracción de la pequeña empresa estén conectados, y también lo esté el Estado, y básicamente el sistema educacional e importantes servicios del Estado, pero…sólo una fracción del universo de las familias del país. Y no sólo eso, sino que si descartamos al 10% de familias que cuentan con altos ingresos (es decir unas cuatrocientas mil familias, aproximadamente el primer decil de ingresos) donde se concentra la conectividad, aún tenemos que para 3 millones y medio de familias, la conectividad de banda ancha en su modalidad actual es y será por un buen tiempo un gasto difícil de solventar.

Falta efectivamente crear un nuevo modelo de fomento de la banda ancha, que asegure el acceso a los beneficios de la sociedad de redes a la mayoría de los hogares del país.

Por las dimensiones de la tarea, tanto como por la urgencia de su despliegue - en un mundo que funciona en tiempo-real, es esta una política que solo puede ser realizada por el Estado en conjunto con el sector privado y con la participación de la sociedad civil, por tratarse de un asunto mayor.
Requiere también de un ordenamiento regional y local equilibrado, así como asegurar la conectividad de los centros comunitarios o infocentros.

El país pareciera contar con los recursos financieros y humanos para ello, así como con una experiencia internacional que le permite sintonizar con las tendencias de la globalización. Cuenta con la infraestructura, pero con una débil base institucional para ello; un emprendimiento de esta naturaleza requiere de una agencia propia. Talvez el orden de los factores esta vez sí altere el producto: se requiera de un nuevo financiamiento marco para lograrlo y es sólo una vez que hayamos logrado una cobertura básica de banda ancha, que otorgue acceso a una parte importante de la población así como a las organizaciones locales, que el mercado encontrará una demanda efectiva reforzada. Primero la política, luego el mercado.

En caso de no encontrar la fórmula local, entonces nos tendremos que conformar con políticas más bien paliativas que mantendrían en entredicho a la sociedad de la información en el país.


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lunes, septiembre 12, 2005

 

Los Desafíos Democráticos de la Sociedad de la Información en Chile

©2000 asuntospublicos.org.

Política Nacional,
Informe N°492 , 05/09/2005


Arturo Durán y Otto Boye


En noviembre próximo, Chile participará en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información que se realizará en Túnez. Ese hecho, y su interés por incorporarse a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OECD), pionera en el fomento de la sociedad de la información, constituye un excelente motivo para reforzar el avance de la implementación de ésta a nivel nacional.

La comparación actual con los países más avanzados nos muestra nuestra principal debilidad: a diferencia de ellos, nuestra sociedad de la información aún no entrega, de forma generalizada, sus principales beneficios sociales y políticos a la ciudadanía. También aquí hay todavía desigualdades en espera de ser corregidas. La solución a esta deformación pasa por políticas que aceleren la generalización de sus beneficios y aplicaciones. Es el gran desafío de los próximos años.

Chile como Sociedad de la Información

Considerado internacionalmente como uno de los países latinoamericanos que ha logrado crear una economía competitiva, Chile es visto también como un país que ha logrado estabilizar su transición a la democracia, a pesar de las muchas carencias que todavía se puedan verificar. La reforma constitucional reciente constituye un indudable paso adelante al respecto. En este conjunto de procesos destacan, igualmente, aspectos propios de una emergente sociedad de la información, como vimos en el trabajo anterior (1), que han generado -y siguen generando-cambios sustantivos en el comportamiento de quienes participan de estos nuevos ámbitos interconectados en los que predomina un uso intensivo de las tecnologías de información y comunicación, las TICs.

Este nuevo fenómeno se caracteriza por la velocidad de sus procesos y por una asombrosa capacidad de trabajar en tiempo real. La noción tradicional acerca del tiempo "para hacer las cosas", enfrenta quizá su principal reto. Modifica también nuestra noción de las distancias, acortándolas. Permite, en un muy corto plazo, simplificar y modernizar procedimientos y servicios.

No Hay Excusas

Dado que las tecnologías ya existen y su adopción es deseada, no hay excusas para atrasos en su puesta en marcha. Esta afirmación es válida, porque surge la interrogante acerca de si hemos recientemente perdido el impulso original y si nuestra sociedad de la información se vuelve más lenta, acomodándose y, si se quiere, anidándose, en los sectores de mayores ingresos y en complejos programas estatales cuyos beneficios para la ciudadanía pueden aún tardar muchos años en madurar. De hecho, hoy se manifiesta con débil intensidad en el universo de la mayoría de los hogares.

Lo que sí es un potencial real, es su capacidad de foro, de debate, de aportes a nuestra cultura política, de convocatoria al mundo de los jóvenes y de los estudiantes a participar en la nueva cultura, permitiendo retomar un diálogo político e intergeneracional. Esta puede ser una veta enriquecedora para el desarrollo de la democracia. En efecto, la sociedad de la información es considerada internacionalmente como posibilitadora de una nueva fórmula de relación entre una mayor productividad y un mayor bienestar económico. Es considerada también, como una nueva fórmula para la creación de una versión moderna de los servicios sociales básicos, resultado del gobierno electrónico, así como de nuevas modalidades de la actividad política en democracia.(2)

Es, sin embargo, tarea de cada país crear sus propias modalidades para la implementación de la sociedad de la información, en concordancia con sus necesidades, sus problemas y sus tradiciones culturales. En nuestro caso, el principal desafío es cuidar que esta nueva posibilidad llegue a ser parte de la actividad cotidiana de la mayoría de la población y no un privilegio asociado al ingreso, nivel educacional, género o estatus social. Hay que evitar el surgimiento de una nueva marginalidad: la de aquellos que no tienen acceso a esta nueva sociedad. El perfeccionamiento de la democracia, como vimos en nuestro trabajo anterior, se juega ahora también en este ámbito.

Expansión No Igualitaria

La enorme expansión social de la telefonía celular contrasta con las distintas velocidades sociales de expansión de Internet banda ancha. Es la historia de la liebre y la tortuga. Y las altas tasas de expansión de Internet banda ancha en los hogares de mayores ingresos contrasta con una muy lenta adopción por la mayoría de los hogares. Una parte importante, mayoritaria, de la ciudadanía no cuenta aún con Internet en el hogar.

Existen diversas alternativas, sea en los establecimientos educacionales, en el trabajo y los cibercafés. Pero éstas se caracterizan por una capacidad de acceso limitado para los usuarios; no se puede aún, en sentido estricto, hablar de la existencia de una accesibilidad fácil a la sociedad de la información. Idealmente, un resultado exitoso de la implementación de esta nueva dimensión en la organización de la sociedad contribuiría a acortar el tiempo que nos puede tomar convertirnos en sociedad desarrollada, en la que toda la población encuentre mejores oportunidades.

Mejoramiento de la Relación del Estado con los Actores Sociales

Esta nueva forma de interactuar del sector privado y del Estado y, en forma algo más incipiente, de la ciudadanía, ha permitido hasta ahora un fortalecimiento funcional de las coordinaciones sociales e institucionales y una mayor efectividad de las iniciativas, programas y políticas públicas, como es el caso de la Agenda Digital. Lleva, en el mejor de los escenarios futuros, a una modernización democrática de los servicios básicos de la seguridad social, previsión y salud, entre otros, y a resolver muchas precariedades que persisten para una parte importante de la población y que están aún estrechamente asociadas a la sociedad tradicional y a la inercia de una concepción obsoleta acerca de la naturaleza de los servicios públicos.

Un ejemplo de la capacidad, velocidad y alcance de lo que hace posible una utilización funcional de las TICs lo ejemplifica el modelo informatizado utilizado por los programas Chile Solidario y Puente: la complejidad y efectividad de sus servicios en beneficio de más de 200 mil familias muy pobres muestra las potencialidades de la sociedad de la información y de las nuevas modalidades de la función pública que ésta nos trae. AUGE, el nuevo sistema de salud pública, trae consigo una modernización de la salud en red y será probablemente el generador de la modernización de nuestro histórico sistema de salud, hasta hoy anquilosado en una gestión anticuada y de defensas corporativistas.(3)

En suma, en el horizonte de la sociedad de la información se vislumbra un Estado moderno, profundamente reorganizado en el proceso de mejoramiento de la provisión de servicios públicos.

Otras Posibilidades

Pero no todo es funcionalidad. Este es, igualmente, un proceso que trae consigo la posibilidad de abrir nuevos espacios de intercambio de ideas, de debate y de formación de la opinión pública, abriendo con ello una nueva posibilidad de reforzar la participación democrática. Los nuevos medios de prensa en línea y de sistemas agregadores de noticias (RSS), la emergencia de nuevos sistemas de diálogos -como las bitácoras virtuales (blogs) y nuevos tipos de redes de opinión pública, permiten vislumbrar en el futuro una cultura política enriquecida por una nueva opinión pública.

Este nuevo escenario de discusión virtual es un aspecto novedoso de la transición, que puede dar paso a una generación que ha crecido en la era de la sociedad de la información. Ello podría abrir opciones interesantes de dialogo social allí donde hasta ahora aún prevalecen modalidades tradicionales de manifestación de intereses y de conflictos, como en el caso de los estudiantes y su modalidad efectista de dar cuenta de sus conflictos. La naturaleza inclusiva de la sociedad de la información encuentra uno de sus verdaderos retos en la incorporación ciudadana de los jóvenes.

Los Desafíos

El desafío constante de toda sociedad de la información consiste en garantizar de verdad una sociedad mejor para todos los ciudadanos. Para ello, y en vista de las limitaciones que la sola expansión espontánea de este mercado trae consigo, el país debiera dotarse de una extensa red de puntos de acceso, de posibilidades para que quien necesite o desee hacer uso de los servicios en-línea pueda hacerlo. Así, también, su desarrollo requiere de la producción de servicios y contenidos diseñados especialmente para dar cuenta de requerimientos y problemas precisos de la población. Un acceso generalizado aseguraría también una vía de comunicación y de interacción entre la administración pública, la ciudadanía y los hogares.

Este es, como veremos, un desafío no sólo económico, social o político, sino también cultural. Por eso, es necesario modificar, enriqueciéndola, nuestra tradicional forma de pensar. Es fácil imaginar el uso que puede dar a Internet una empresa o una institución, o los estudiantes y quienes en el mundo laboral requieren de las TICs, pero no siempre se resuelve bien la pregunta acerca de la utilidad que trae la sociedad de la información para quienes viven modestamente.

Es una realidad desafiante. Por un lado, vemos la rápida adopción de la telefonía celular, sin distinción social; por otro lado, una regresión de la red de infocentros que no logra ser compensada por los cibercafés por tratarse de funciones distintas. Pues la función social asociada a los infocentros viene de la tradición del fomento del espíritu comunitario, de la conectividad social local como centro organizador de la vida comunitaria solidaria imprescindible, en ausencia de la cual nuestra sociedad vendría a sufrir efectos sociales perversos. El debilitamiento de la red de infocentros plantea una situación inquietante y merece un análisis para sacar las lecciones e intentar un nuevo impulso programático.

Breve Perfil de la Sociedad de la Información en Chile

En Chile, el avance de la sociedad de la información está representado en la actualidad, principalmente, por la expansión de la telefonía celular, de la tecnología DVD y de Internet banda ancha, entre otras tecnologías. Estas tecnologías han revitalizado no sólo la actividad económica, sino también la vida social del país. El producto más ilustrativo ha sido el teléfono celular. Actualmente existen en el país más de 9 millones de celulares en funciones, de los cuales un millón y medio lo hace suscritos a plan de pago, el resto bajo modalidades de prepago.

La sociedad de la información se ha afianzado, en segundo lugar, con la difusión de Internet, especialmente en su versión de banda ancha. Dicha expansión se ha producido en el sector privado y en el Estado, en el sistema educacional y en hogares de ingresos altos y medianamente altos. Existen actualmente algo más de 900 mil conexiones Internet en el país, de las cuales unas 600 mil son conexiones de Internet banda ancha. De esta última cifra, más de dos tercera partes corresponden a hogares con conexión banda ancha.

Este dato, en sí importante, deja en evidencia también una clara "brecha digital" que todavía excluye a vastos sectores. Un incremento de las conexiones de banda ancha, que por fortuna se está produciendo, es fundamental para la realización de la sociedad de la información, lo que permitiría poner a disposición de la población del país los beneficios potenciales de ésta.

El Real Desafío

El verdadero desafío parece estar, entonces, en cómo hacer para que la sociedad chilena pueda beneficiarse de los servicios en línea, del potencial educacional y laboral que tiene, así como de las oportunidades de nueva sociabilidad que ofrece, factores asociados ahora a la expansión de la sociedad de la información, para aprovecharla como una palanca para una mejor calidad de vida.

Está aún por verse si el país logrará, efectivamente, acceder a dichos beneficios o si, en caso contrario, éstos terminarán, como en otros casos, relegados a las clases más favorecidas.

En la actualidad, el riesgo de que el crecimiento económico se traduzca, paradojalmente, en un rezago en el desarrollo social, es real, pues no hay efecto directo de uno hacia el otro. A la pregunta ¿para qué requiere la mitad más pobre del país de Internet? la respuesta es, sencillamente, que la sociedad de la información proporciona justamente la oportunidad de acceder a posibilidades y beneficios hasta ahora impensados, de imaginar servicios en línea entre los establecimientos de atención primaria de salud y las personas que los requieren, o el acceso a mejores y más oportunidades de formación, o -en su versión mínima-acceso, al menos, a la información sobre dichos servicios y para poder solicitarlos.

Por eso, una expansión de la sociedad de la información es, esencialmente, un paso más en la democratización del país, de modo que todos tengan mejores oportunidades para una vida mejor.

La Necesidad de Políticas

Una condición para ello es la definición de políticas efectivas de desarrollo de la sociedad de la información, pensadas para avances rápidos, acordes al ritmo que éstos llevan en los países desarrollados. No podemos reproducir, en este ámbito, las malas prácticas propias del subdesarrollo, aquellas que excluían a las mayorías.

Tim Berners-Lee, el creador de la Web, afirma que la naturaleza íntima de ésta es social, por su interactividad.
Y, efectivamente, es dicha interactividad otro factor importante para nosotros -particularmente en lo que hace a la transparencia de las actividades del Estado.
Si bien el Estado presenta regularmente información acerca de su quehacer, parece, sin embargo, no tener disposición a responder adecuadamente a las consultas ciudadanas, como han dejado entrever pequeñas muestras aplicadas recientemente. Esta situación no se corresponde con la lógica de la sociedad de la información, y sólo se puede sostener mientras la ciudadanía no utilice una de las características más íntimas de la Internet, aquella que permite no ser solamente receptor pasivo de la información, como en el caso de la TV, sino que también interactuar, indagar, preguntar y así llevar a las instituciones públicas a abandonar un cómodo secretismo, una reliquia del antiguo régimen, y adoptar la cultura abierta propia de la sociedad de la información.

El Fenómeno de los Celulares frente a Internet

Chile ha logrado, como decíamos, avances en la sociedad de la información, lo que es ilustrado por el uso masivo de teléfonos celulares, el uso de computadores e Internet. Sin embargo, hay entre éstos una diferencia. ¿A qué necesidad da respuesta el uso masivo de celulares? Su expansión ha sido notable en los últimos años, a pesar de que el precio por minuto de telefonía celular sigue siendo relativamente alto.
En cierta forma vino a complementar un déficit histórico, ya que, a pesar del aumento de los hogares con telefonía fija durante la década pasada, menos de la mitad de los hogares del país cuenta, hasta ahora, con ella. Además, para muchos, el celular es la alternativa móvil cuyo aporte a la coordinación de las actividades de los grupos laborales y familiares es eficaz y expedita. Indudablemente, por eso ha sido adoptado con gran entusiasmo.

Con Internet ha sucedido un fenómeno distinto. La introducción de la banda ancha ha acelerado su difusión, así como el traspaso de usuarios de Internet de banda estrecha a banda ancha. De pronto, nos hemos encontrado con una tecnología que permite una tarifa plana y conexión Internet permanente. El Estado y las empresas, las organizaciones y hogares se dotan actualmente con Internet de banda ancha, con una alta tasa de incremento anual. Sólo durante el primer semestre del año en curso ha habido un incremento de 100 mil conexiones de Internet banda ancha. Aproximadamente un 10% de los hogares del país ya están equipados con ella.

¿Es esto mucho o poco? Es un crecimiento efectivo, pero, como hemos dicho, concentrado en los hogares de mayores ingresos, disminuyendo mucho en los hogares de ingresos medios, para desaparecer virtualmente en los hogares de menores ingresos. Es decir, la gran mayoría de hogares no cuenta con conexión Internet.

Este es un dato clave de nuestro desarrollo actual, pues significa que una mayoría de los hogares no cuenta con una puerta de acceso a la sociedad de la información, ni a sus beneficios. Esto plantea un desafío de tipo macrosocial al mercado y a las políticas públicas, pues limita grandemente la participación de la ciudadanía en la sociedad de la información, así como sus posibilidades de establecer una demanda activa de usos y contenidos útiles.

Baja Conexión en Regiones

La Región Metropolitana (RM) concentra la mitad de lo anterior. La diferencia con otras regiones en cuanto a conectividad de hogares es también grande. Con excepción de la II y XII regiones, las tasas de Internet regionales son bajas, comparadas con aquellas de la RM.

Es, sin embargo, en el ámbito de la educación donde se ha difundido con mucha intensidad la sociedad de la información, en la medida en que los establecimientos educacionales cuentan en su mayoría con computadores y con conexión Internet, y la banda ancha se expande actualmente en el marco del programa
Enlaces.

Ello se ve complementado con el programa Abre tu Mundo de Biblioredes (DIBAM), que cuenta con equipamiento computacional de última generación y conexión Internet para uso público en todas las bibliotecas del país.

Estos parecen ser los ámbitos donde el acceso Internet es más igualitario. Es, efectivamente, en el ámbito educacional, que cuenta con algo más de tres millones de población escolar en establecimientos subvencionados, donde el acceso a Internet se encuentra muy expandido, alcanzando casi un 90% de los establecimientos. Sin embargo, la rapidez del desarrollo internacional de la sociedad de la información, y el propio ritmo de crecimiento del país, hace que estos avances sean sólo básicos frente a la magnitud del desafío.

En cuanto a los adultos, la campaña de alfabetización digital llevada adelante por esas y otras instituciones del Estado, ha capacitado, a la fecha, a 400 mil personas.

Tareas Pendientes

De lo anterior, se pueden entonces entrever también algunas tareas para el futuro gobierno en el área de la sociedad de la información. Y no sólo en términos de continuar las transformaciones de los servicios públicos y, acorde a los tiempos, reforzar la denominada reforma del back office, es decir, del rediseño organizacional de las "oficinas" mismas del Estado en función de la lógica de la era digital.

También constituye una necesidad y un deber, fomentar, en el marco de una nueva agenda digital social, una extensa la red de puntos de acceso comunitarios, con el fin de asegurar el carácter democrático de la sociedad de la información. De este modo se generaría una revitalización de la vida social comunitaria, con todas las ventajas de ordenamiento y equipamiento social que eso proporcionaría.

Para ello es necesario repensar las fórmulas utilizadas hasta ahora, consolidar y expandir las buenas prácticas y reformular las iniciativas que no han dado los resultados esperados. El caso de la red de infocentros constituye un ejemplo donde se requieren modificaciones, pasando, si se quiere, a una verdadera nueva generación de los mismos. Ella podría reforzar la línea de infocentros tipo SERCOTEC, ligados a las pequeñas y micro empresas, especialmente en requerimientos de información y de servicios en línea de carácter productivo y comercial. A partir de la experiencia lograda en este primer lustro, y un buen programa tipo "e-Chile 2010", podríamos arribar al Bicentenario con una sociedad de la información plenamente constituida. Si lo hacemos, habríamos, entonces, dado cuenta, localmente, de uno de los pilares de la globalización

Notas a pie de página

1 Ver informe 473.
2 Una digitalización de todo el sistema electoral, incluyendo la votación electrónica, podría, eventualmente, facilitar una mayor participación de los jóvenes, que se han estado ausentando de los procesos electorales, preocupando a todos los sectores políticos.
3 En este contexto, debería resultar inexplicable la lenta e indiferente insensibilidad de los servicios que permanecen aferrados a las concepciones y hábitos de la sociedad tradiciona



Arturo Durán: Sociólogo y Consultor.

Otto Boye: Ex Embajador de Chile en Venezuela. Ex Secretario General del Sistema Económico Latinoamericano, SELA.

05/09/2005
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Se autoriza la reproducción, total o parcial, de lo publicado en este informe con sólo indicar la fuente.


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sábado, septiembre 10, 2005

 

Sociedad de la Información y Democracia: Algunos Desafíos



Asuntospúblicos.org
Informe N° 473

Políticas Sectoriales 13/06/2005

Otto Boye y Arturo Durán

Nadie duda hoy de que Chile no es una excepción en el mundo y que por eso se encamina casi forzosamente a organizar su desarrollo en el marco de una moderna sociedad de la información, si no quiere quedar rremediablemente atrás en el escenario global. Por todas partes emergen señales de un país involucrado en este fenómeno global.

La enumeración puede ser larga: ya hay más de 9 millones de usuarios de telefonía celular; cada día hay más hogares conectados a Internet, la herramienta con más potencialidades de este momento; decenas de miles de chilenos de todas las edades se capacitan para dejar de ser "analfabetos digitales" y poder usar un computador y, desde luego, conectarse; colegiales aprenden en sus escuelas desde temprana edad a usar las tecnologías de la información y la comunicación (también conocidas como TICs); ciudadanos hacen, en el horario que deseen del día y de la noche, trámites bancarios y, también -¡oh sorpresa!-, a través de un creciente Estado en línea, efectúan diversos trámites para los que antes necesitaban a veces horas de viaje y colas y frustraciones varias; las empresas se reorganizan digitalmente y aumentan sus capacidades y su competividad; ingenieros crean programas (software) y los venden en Chile y en el extranjero; se dictan leyes nuevas para enfrentar los problemas inéditos creados por esta realidad emergente.

Si la televisión implicó modificaciones de conducta en prácticamente toda la población en las últimas décadas, ahora vuelven a producirse cambios y con mucha mayor intensidad. El fenómeno es evidente con solo mirar un poco a nuestro alrededor.

¿Habrá un Desarrollo Más Equitativo?

La pregunta que es lícito plantear es si todo esto surge para mejor, si resuelve problemas antiguos, si el desarrollo de Chile se dará de verdad por esta vía y, sobre todo, si será más equitativo. El tema es complejo y no se despacha en un solo artículo, pero reflexionar al respecto surge como un imperativo ciudadano.

El ángulo elegido aquí para comenzar a desarrollar esta temática es el de la democracia. ¿Qué ofrece la sociedad de la información a la vida democrática? ¿La mejora o la empeora? ¿Son reales los beneficios que proclaman los optimistas, o las calamidades que denuncian los pesimistas?

Comenzaremos el análisis precisando el concepto de democracia a usar.

Concepto de Democracia y Sociedad de la Información

En diciembre de 1969 el Comité Permanente del Episcopado chileno, hablando de la democracia, que consideraba en peligro en ese momento (1), la definió como "participación amplia del pueblo en las tareas y los bienes de la nación". Al detenernos un poco en los elementos de esta definición, veremos que ella, aplicada a la Sociedad de la información y el conocimiento, puede ser hoy más útil que nunca.

Antes que nada, la democracia es "participación". A través de ella el pueblo toma parte en la vida de la nación, sea poniendo en marcha, con su voto, los mecanismos de representación, sea participando de modo más directo en instancias en que esto resulta factible.

No es una participación de unos pocos, sino que debe ser "amplia", o sea, intrínsecamente inclusiva. La exclusión social, política, cultural y económica atenta contra la esencia de la convivencia democrática y, por ende, contra el derecho de las personas. Hoy, la exclusión cibernética o electrónica tampoco sería democrática.

El sujeto de la democracia es el "pueblo", o sea, todos los habitantes de un país y de una nación, sin distinción discriminatoria alguna.

En cuanto al contenido de la participación, la definición se refiere a "las tareas y los bienes de la nación".

En el primer lugar se coloca una referencia a "las tareas de la nación". Esto habla de responsabilidades y deberes que tienen todos los ciudadanos de construir la democracia día a día. Aquí se hace presente el poder político, que es, ante todo, una tarea, un servicio a la comunidad, para ordenar su funcionamiento e impedir los desequilibrios que se producen cuando la libertad se confunde con libertinaje y anarquía. También es una tarea votar y elegir representantes. Y así sucesivamente, pues este punto admite un vasto desglose.

Las TICs, un Bien de la Nación

La participación en "los bienes de la nación" se coloca en segundo lugar, como señalando que su existencia depende del cumplimiento, primero, de determinados deberes. Con "bienes" se señala todo lo que se produce en una sociedad, sea material o espiritual (cultural, religioso, etc.). Aplicando de nuevo estos conceptos a la sociedad de la información, afirmemos que hoy el acceso a las TICs es un bien de la nación a ser compartido por todos, por lo que la participación en las nuevas redes debe ser amplia, equitativa y cada vez más ilustrada. En efecto, la ampliación máxima posible del acceso ayuda al desarrollo comunitario, facilita la participación y, por ende, fortalece la democracia.

En suma, estamos ante un concepto de democracia rico en contenido y que apunta a elementos esenciales, cuya implementación da origen a una construcción formal que a veces confundimos con la democracia en sí.

La institucionalidad que trata de hacer carne la idea democrática no es la democracia en sí misma, sino la forma histórica que la sociedad establece para tratar de hacerla realidad. Por eso, nada debe quedar afuera y es siempre perfectible.

Los importantes beneficios potenciales implicados en la sociedad de la información abren, a su vez, una nueva puerta. En efecto, gracias a ella disponemos hoy, por decirlo así, de una "sala extra" para el debate y el intercambio de ideas, un nuevo espacio que puede servir para ampliar la participación ciudadana en "las tareas y los bienes" de la nación. Es un mundo cibernético de intercambio de ideas, una posibilidad nada despreciable para el fortalecimiento democrático.

Ciertamente esto requiere masificación del acceso a las TICs y elevar al máximo la calidad del uso de estas herramientas, lo que pone sobre el tapete un abanico de desafíos que mencionaremos luego.

En su reciente informe sobre desarrollo humano en Chile (el quinto), el PNUD muestra a sus habitantes queriendo participar del mayor poder que hoy existe en la sociedad chilena como consecuencia de su desarrollo. No cabe duda alguna de que la participación amplia en el poder que la cibernética entrega a sus usuarios le puede dar a la democracia un sólido contenido del que antes carecía.

Algunos Desafíos

Los retos que plantea esta nueva realidad y un concepto de democracia como el tratado aquí son enormes. Los señalaremos de modo breve, con el compromiso de mirarlos más de cerca en el siguiente informe:

1.-Las TICs configuran un mundo que le va a dar un nuevo marco al desarrollo nacional. Estos formidables instrumentos abren nuevas posibilidades, a las que ya no cabe renunciar, pero también acarrean nuevos problemas que no pueden descuidarse.

2.-Los problemas de equidad no resueltos todavía adquieren ingredientes inéditos que los hacen más complejos. En efecto, actuando como un reflejo existe ya la llamada "brecha digital", esto es, una nueva forma de marginalidad o exclusión social, entre los que tienen pleno acceso a las TICs y los que lo tienen muy precariamente o no lo tienen en absoluto.

3.-Todos los actores sociales, personas e instituciones públicas y privadas, se encuentran con esta nueva realidad. Unos, los que tienen recursos y poder en abundancia, se insertan rápidamente y, con seguridad, gracias a ello, seguirán incrementándolos. Otros ya tienen más dificultades y se insertan a duras penas.

Finalmente, hay quienes quedan marginados por tiempo indefinido, mientras se mantenga su situación de carencias.

4.-El rol del Estado adquiere otra vez gran importancia, tanto en su tarea de regulador de este nuevo mundo emergente, como en cuanto promotor del bien común y, por tanto, de impulsor de una distribución más equitativa de este "bien de la nación" configurado por el mundo de las TICs.

5.-La participación amplia, como corazón de la idea democrática, tiene en este contexto una nueva oportunidad y se convierte en una novedosa medida del avance, estancamiento o retroceso de la democracia en Chile. Ella encarna y resume, sin duda, el desafío global.

En Chile se llevan a cabo hoy iniciativas públicas y privadas de todo tipo para insertar al país entero en este mundo emergente. Se configura así un camino adaptado, lógicamente, al país concreto, pero vinculado también -¡y estrechamente!-a la corriente mundial que hoy empuja al mundo en este campo. Hay datos que muestran gran velocidad y otros que caminan con incómoda lentitud. Los desafíos son mayúsculos. En otro informe analizaremos con franqueza y más detalle esta situación.


(1)En Octubre se produjo el llamado "Tacnazo" (acuartelamiento de tropas bajo el mando del general Roberto Viaux en el Regimiento Tacna de Santiago), que fue superado por el gobierno de Eduardo Frei Montalva después de tensas negociaciones;pero semanas después, de nuevo se generaron tensiones y rumores de golpe de Estado, que sirvieron de justificación a los obispos para hacer su declaración.

Otto Boye: Ex Embajador de Chile en Venezuela y ex Secretario General del Sistema Económico Latinoamericano, SELA

Arturo Durán: Sociólogo y consultor

13/06/2005
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